¡Llega la Revolución Maternal! ¡Y la vamos a hacer Nosotras!

Jesusa Ricoy nos anima a unirnos en la Revolución Maternal!!! Puedes hacerte fan en Facebook, o enviarle un email de apoyo…

Viva la Revolución!! ;)

http://jesusaricoy.blogspot.com/2010/10/manifiesto.html

MANIFIESTO PARA LA REVOLUCIÓN MATERNAL
Dedicado a todas las madres, a las comadronas, a los profesionales de las maternidades, a las mujeres, a nuestros hijos, pero sobre todo a madres reales que día a día escriben, hablan y organizan eventos desde la maternidad que les ha hecho saber que son capaces de parir mundos. Pero dedicado en especial a Nohemi, Ileana y Ana Isabel y a mis doulas Isabel y Nuria.

No pedimos disculpas ni pedimos permiso, de hecho no pedimos absolutamente nada.

Establecemos aquí y ahora que:

Nuestro cuerpo es nuestro y no un escaparate, ni un invento, ni una moda de otros.

Nuestro embarazo es nuestro y es un periodo en la mayor parte de las veces de salud y felicidad y no un continuo desasosiego.

Nuestro parto es nuestro y es un momento sagrado y de transición que requiere el más absoluto respeto. No se nos maneja, ni dirige, ni se nos interviene a no ser que sea absolutamente necesario, por comadronas que entienden y se han informado sobre esta necesidad.

Nuestra leche es nuestra, es irremplazable no entiende de intereses económicos, es nuestra historia, nuestro arte, nuestra cultura, nuestro vínculo y nuestra supervivencia.

Nuestros hijos son nuestros y no del Estado. Las decisiones en torno a su crianza y educación deben estar libres de presiones politicas, económicas o sociales.

Nuestro futuro es nuestro y la mujer para poder ser libre debe también serlo como madre, si el feminismo que nos trajo hasta aquí se dejó un trozo de nosotras en el camino no estamos en ningún sitio, no existimos.

Somos mujeres como colectivo, como hermanas, como tribu y no podemos perdernos por el camino.

Desde el útero, desde las entrañas y con el bebé en el brazo exigimos:

* Acabar con la promoción de falsos estereotipos de belleza, inventados por las industrias de la moda y de la pornografía y generados por ordenador .
* La integración social de la maternidad.
* La normalización del pecho como fuente de alimento de nuestra especie y contacto físico necesario para la madre y el bebé. Que la leche artificial se dé unicamente bajo prescripción facultativa.
* Que las madres puedan disfrutar de su maternidad y amamantamiento sin presiones económicas, políticas o sociales
* Que la mujer dé a luz en libertad y sin presiones externas, es decir, en su casa o en el hospital, y en sus propios términos siendo informada de sus opciones.
* Nadie puede tocar y mucho menos alimentar a nuestros bebés sin permiso y nadie puede interferir en nuestro espacio o tiempo para estar con nuestros bebés.
* Que la crianza y educación de nuestros hijos sea una prioridad social, re-evaluada y entendida desde el punto de vista fisiológico y respetando siempre las necesidades emocionales de los niños.
* Que los bebés y los niños sean amados y respetados socialmente, cualquier publicidad, publicación o similar que implique que el niño es un estorbo social es denigrante.
* Que la promoción y utilización de guarderías y centros en los que dejar a bebés menores de dos años se regularice teniendo en cuenta las necesidades fisiológicas y alimenticias del bebé recomendadas por la OMS y otros organismos similares, si para ello hay que alargar la baja maternal que así sea.
* Que la familia sea respetada y apoyada como lo que es, la base social que genera el futuro.

Para manifestar tu adhesión al manifiesto puedes enviar un email con tu nombre completo a rompiendoaguas@gmail.com indicando MANIFIESTO en el titulo. Gracias!
O nos podeís encontrar en Facebook

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Reflexiones sobre crianza, en batiburrillo

‎”No quiero tratar a un niño según un manual. Ningún manual. ¿Acaso trato a mi pareja según lo que me diga Estevell o Gonzáloz? ¿Acaso podría basar mi relación en las reveladoras y emotivas pautas publicadas en un libro de 300 páginas? Veo en muchas mujeres el síndrome del gurú de crianza. Ante la falta de riqueza en referencias de crianza hoy en día, y la desconexión creciente entre madres, que ya no crían en comunidad, ni siquiera casi en familia, surge la imperiosa y muy humana y necesaria necesidad de buscar referentes. Se han leído todos los libros de crianza y se angustian porque se sienten solas en su crianza y encima sus hijos siguen siendo normales a pesar de todo. Es decir: enferman, lloran, tienen malos momentos. Pongamos a estos gurús en su lugar, a todos, sin rencor, y comprendamos el paso que nos falta. Entendamos al fin la utilidad verdadera de un libro de crianza, de embarazo, de parto, de lo que sea: en ellos se nos facilita un repertorio de pautas de comportamiento DIFERENTES de las aprendidas y que podemos considerar como una mera ayuda teórica para DESPROGRAMAR nuestros comportamientos, esos que cuestionamos. Pero lo cierto es que es tarea nuestra (de toda la familia) crear nuestras nuevas pautas, únicas, ya que dependen enteramente de nuestra idiosincrasia. Y restablezcamos las redes maternas, la crianza en comunidad, la visibilidad y la normalidad en la crianza.”

Dice una amiga Uterina, Doro:

“La verdad es que estoy en un momento en el que la crianza natural y con apego y el parto respetado y la leche en vinagre me da por saco. Sabes por qué? PORQUE LA VERDAD ESTÁ AHÍ FUERA!!! En serio. Mientras el grueso de la población femenina no se conciencie, las pocas frikis seguiremos recibiendo una risa burlona cuando entreguemos un plan de parto. Así de claro. Que les da igual. Que van al matadero y van contentas. Que las tratan como a gilipollas y ellas dicen que es que son muy atent@s. Que no nos atrevemos a llamar a cada cosa por su nombre y nos encontramos lo que nos encontramos. Que al final todo se reduce a que somos nosotras las que tenemos que dar explicaciones y razones y motivos y blablablabla para nada. Que no le debo nada a nadie, cojines! (que desde que soy madre tengo que vigilar mi vocabulario…). Pues eso, que quien tenga oídos, oiga.”

Ahí quedan esas perlas. ¿Aportas tú la tuya? :D

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Mi carta a la SEGO

Hola! ¿Recordais el evento “por la extincion de los ginesaurios”?  http://www.facebook.com/event.php?eid=201282619908280 … queremos enviar muuchas cartitas a ginecólogos con el ya famoso Plan de Parto Subversivo, para el dia 7 de junio, 2001, Dia de los Derechos del Nacimiento.

Esta es la cartita que voy a adjuntar, y ademas del PPSub les voy a meter un fragmento de la guia practica de cuidados en el parto normal de la OMS. Que lean un ratico!

EA, A GUERREAR!!!

 

7 junio 2011

 

Estimado Sr o Sra:

 

Le remito este escrito para hacerle llegar la voz de muchas mujeres y madres que están reclamando una mejora en las prácticas obstétricas en la atención al parto normal.

 

Que en España existan nada menos que dos servicios sin animo de lucro de atención al estrés postraumático en el parto (Escuchando con el Corazón fue fundada por la mismísima Sheila Kitzinger) puede resultar cuanto menos sorprendente para aquellos que creen que hoy en día se pare mejor en términos absolutos.

La falta de control de la madre que pare en el hospital, su posición de espectadora pasiva, la enorme deshumanización del proceso, falta de respeto a sus decisiones y necesidades básicas, no es justificable por ninguna necesidad heroica de “salvar un parto” como parecen creer que hacen cada día ciertos profesionales.

Esto no significa en absoluto que no estemos infinitamente agradecidas por todos los excelentes profesionales de los que disponemos hoy en día, por su labor imprescindible y su intervención cuando es necesario, que efectivamente mejora la morbilidad perinatal y la seguridad de la madre y el bebé. El problema grave que querría señalar es el de tratar rutinariamente todos los partos desde la patología y la medicina defensiva y no desde la evolución natural y sana del mismo.

 

Para ser muy breve, le pondré como ejemplo típico la tasa de cesáreas que en algunos hospitales, especialmente los privados, roza y alcanza el 25-30%. ¿Una de cada 4 mujeres no puede parir? Seria una pandemia horrible. La raza humana no iría muy lejos si fuera así. ¿Se salvan vidas, dicen? ¿Significa eso que antes de existir la cesárea, 1 de cada 4 partos terminaba en muerte o secuelas graves? No creo.

La tasa de episiotomías varia más, llegando alcanzar un salvaje 80% en ciertos hospitales. ¿Un 80% de mujeres habría sufrido un “desgarro incontrolado” con graves consecuencias para su salud? ¿O mas bien en un 80% de los casos el parto no va al ritmo deseado por los profesionales y se decide cortar los genitales de la mujer en lo que sólo se puede llamar una mutilación genital por parte del profesional, para su propia comodidad y rapidez del proceso? Si le produce curiosidad, como prueba de la preocupación que causa esto entre las mujeres, existe incluso una página web dedicada en exclusiva a este procedimiento (episiotomía.info).

 

La lista seria interminable, por desgracia existen al menos 10 procedimientos no deseables según la OMS y que todavía se practican de rutina en nuestros hospitales hoy en día.

Adjunto dichos actos según la clasificación por ellos publicada.

 

¿Y por qué no hay más quejas, reclamaciones? Primero y más importante, porque una mujer recién parida sólo desea irse a casa con su bebé. En segundo, porque dicho bebé es, para profesionales y familiares, la prueba fehaciente de que “todo ha ido bien” al fin y al cabo. Y tercero, porque se nos ha olvidado que se puede hacer de otra manera. Realmente y con todo candor acabamos agradeciendo al profesional que haya intervenido nuestro parto (con su oxitocina, su rotura de membranas, su episiotomía, su maniobra de kristeller, sus forceps, etc) porque creemos que no hubiéramos podido parir de otro modo: desinformación y dependencia dignas de una persona sin voz ni voto. Quizá se trate de una infantilización de la paciente, inutilizada, invalidada y pasiva durante su propio parto, por parte de los profesionales; quizá se trate de una clara confusión entre “atender” un parto y realizarlo personalmente.

 

Le dejo con este refrescante texto en clave de humor que pretende llamar la atención sobre ciertos aspectos de la atención al parto. Esperamos que muchos profesionales puedan sonreír comprensivos al leerlo, sería señal de que esto por fin empieza a cambiar. Adjunto las indicaciones de la OMS como contraste.

 

Espero de corazón que esta carta llegue a manos de muchos profesionales que no necesiten que se les diga esto, porque ya lo ponen en práctica.

 

Sin más, le agradezco enormemente su tiempo.

 

Preparada para ensobrar… carta, PPSub y guia de la OMS…
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¡La primavera los Úteros altera!

Madre mia… la de tiempo que no publico nada nuevo por aquí, centrada en Faceboook que estoy… de todos modos no soy una gran “opinadora” :D pero espero pronto traducir alguna cosilla. Mientras, una fan y amiga de Úteros, Nina, nos deja con este relato erótico escrito por ella misma en un calentón, para subir los ánimos… chicas…. ¡estamos vivas o que!

http://blogs.los40.com/lamardenoches/?p=6571

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¡Conoce el sexo de tu bebé en la PRIMERA ecografía!

Original Know The sex of your baby at the FIRST ultrasound escrito en The Stir
por Christie Haskell
traducido por Ana I. Chinchilla

Averiguar el sexo del bebé es uno de los grandes acontecimientos que las familias esperan durante el embarazo, tanto si tienen alguna preferencia al respecto como si no.

En EEUU, en la mayoría de los embarazos normales atendidos por un ginecólogo se realizan dos ecografías: una al final del primer trimestre, entre las semanas 9 y 13, y otra al final del segundo, entre la 18 y la 22, y esta última suele ser  frecuentemente la ecografía en la que se mira el sexo.

Pero, ¿y si se pudiera averiguar el sexo en la primera ecografía y NO porque se vean ya los genitales del bebé? ¡Un estudio nos asegura que sí se puede y con una precisión del 97%!

Los investigadores de este estudio realizaron una ecografía transvaginal (la simpática sonda que se inserta en la vagina) a las 6 semanas a más de 5.300 mujeres y elaboraron una hipótesis sobre el sexo basándose en un solo indicador. Más tarde se realizó una ecografía abdominal (la de la barriga) a las 18-20 semanas y su método de determinación del sexo tuvo aciertos en un 98-99% de los casos!

Obviamente os estaréis preguntando qué es lo que veían a las 6 semanas de embarazo que les pudiera dar algún dato sobre el sexo del bebé ¿verdad?

¡La placenta!

O más concretamente, la posición de la placenta: el 97,2% de los niños la tenían en el lado derecho del útero en la ecografía de las 6 semanas y el 97,5% de las niñas la tenían en la izquierda. Qué fuerte, ¿verdad? Según su estudio, este método se puede considerar “altamente efectivo” en al determinación del sexo durante las primeras semanas del embarazo.

He observado mis ecografías y las de bastantes amigas, pero no tengo nada de radióloga así que no estoy segura de dónde está la placenta, sobre todo en las imágenes más borrosas. Por lo visto, si tu primera ecografía fue abdominal, la imagen está como en un espejo así que tienes que interpretar los lados al revés.

¡Chicas, sacad vuestras ecografías! ¿Acierta con vosotras?

Nota de Úteros de Guerrilla: Chicas, insisto en que no soy ni radióloga, ni matrona, ni conozco este método ni sé cuán fiable puede llegar a ser o no. Este artículo pretende ser una curiosidad y no una herramienta de adivinación. Gracias por vuestra comprensión. Besicos.

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Vacaciones en el planeta Maternidad Respetada

¡Hola! Hoy os copio en exclusiva el fantástico relato de una amiga que fue de vacaciones nada menos que al planeta de la maternidad respetada…

<<Hemos vuelto de A. y ardo en deseos de contarte cómo están las cosas por allí con respecto a la maternidad. Sólo decirte que vengo con la autoestima por encima de la estratosfera te ayudará a hacerte una idea. Todo lo que aquí es raro, de mamás “hippies” o de cabezas locas, allí es lo más normal del mundo. Vamos, que iba totalmente integrada con el ambiente con mi fular y dando pecho a demanda. Todo el mundo se alegraba de ver un bebé -daba igual si porteado o no, pero lo que yo vi fue que los que no iban porteados iban en remolques de bici y sólo una minoría en cochecitos, pero no veas qué cochecitos! indescriptibles de geniales-, si mi bebé lloraba, la gente se reía con alegría porque era un bebé sano y si me veían dar pecho entonces asentían con la cabeza y me sonreían casi cómplices. En cuanto ven a una mamá con bebé, la convierten en el centro del universo: le ceden todo en todo momento. Claro, ellos tienen un índice de natalidad tan bajo que no es lo más normal ver un bebé tan pequeñito como el mío, aunque nosotros vimos allí un recién -¡ay, qué recuerdos! jejeje.

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La madre de la familia que tan amablemente nos permitió pasar nuestras vacaciones en su casa tiene ahora 70 años y 5 hijos, cuatro de los cuales nacieron en su casa y la última nació en el hospital porque tuvo complicaciones en el último mes. Sus nietos nacieron en casa. La opción en casa o en el hospital es totalmente pareja: en ambos sitios tienes libertad de decisión y de movimientos. Dar a luz en casa está incluido dentro de la seguridad social. Las mamás tienen a partir del quinto mes de embarazo una baja por embarazo aunque sea de bajo riesgo para tener tiempo para prepararse ellas y sus espacios para la llegada del bebé y, una vez que nace, tienen un año con un 80% de salario -bueno, aquí difieren un poco que si 60 u 80 o yo no entendí bien lo que me estaban contando, que también puede ser…- y los papás tienen 6 meses para estar con sus mujeres, ellos cobrando un 60% del salario. Pasado el tiempo remunerado, hay la opción de estar dos años más dedicados al cuidado del bebé, ya sin remuneración pero con el puesto de trabajo disponible para reincorporarse. Lo increíble es… que ¡no admiten menores de un año en la guardería! No hay bebés de meses fuera de casa: la opción es contratar a alguien que lo cuide o quedarte en casa cuidándolo tú.

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Respetan muchísimo el espacio del bebé: ¡nunca lo van a coger en brazos aunque se mueran de ganas y ni te van a preguntar si pueden hacerlo! Sólo lo harán ENCANTADOS si tú les preguntas si lo quieren coger. Una de las nueras de B. no permitió que a su bebé lo cogiesen en brazos ni sus abuelos (imagínate la situación aquí…) hasta que tenía meses, aunque ahora no recuerdo exactamente cuántos. Y la respetaron. Cuando me lo contaron fue con el mismo tono que me contaron su boda, sin resentimiento ni acusación ni nada. La mamá elige SIEMPRE TODO lo que afecta al bebé. Imagino yo a mi madre o a mi suegra en esa tesitura, vamos. Y estuve esos días allí que es que no podía hacer nada mejor porque no hacía nada más, que si no… Y yo en plan paleta total: veía a alguien con un fular llevando al bebé y le decía a mi marido: “Mira, como yo”, pero yo era la única que me fijaba en cómo llevaban a los bebés. Con decirte que me quedé sin habla cuando veo a todo un papá lugareño cargando a su bebé y sólo se le veían salir los pies por debajo que estaba totalmente tapado!!! Yo llevo a mi bebé así y mi suegra, los vecinos y cualquiera con el que me cruce que se crea con derecho a opinar me llamaría asesina como poco.

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Estuve diez días oyendo qué bien atiendes a tu bebé. Qué contento está tu bebé con el caso que le haces. Qué bien haces hablándole tanto, así favoreces su desarrollo. Qué guapo lo tienes siempre (esta era fácil: es que ES guapo). Qué genial que portees porque te da toda la libertad de movimientos. Vamos, que igualico igualico que lo que me dicen por aquí, que una señora que ni conozco ni de vista me llamó marroquí y empezó a decir que en vez de un bebé llevaba un animal. Claro que es el comentario más burro que me han soltado y no es lo habitual. Lo habitual es que se preocupen por la comodidad del bebé y les dé miedo el que se vaya a caer, claro que la traducción subyacente es: si lo llevas así no podemos cogerlo en brazos (que es de lo que se trata, señora, que una vez la llevé en el cochecito y le faltó tiempo a la mujer para secuestrármelo!). Mi suegra dice que es que le va a salir joroba por llevarlo así. Mi madre ya no me dice nada: me deja hacer.

S.C.>>

Chicas… este relato NO es inventado… ese lugar existe. ¿Qué tal si nostras traemos el cambio para que nuestro barrio, nuestro pueblo, nuestro país, sean así también?

Publicado en crianza, lactancia, Somos diferentes, tribu | 10 comentarios

Tu fecha de parto está mal

Original publicado en “The Stir”, http://thestir.cafemom.com/pregnancy/109563/your_due_date_is_wrong
Traducido por Ana Isabel Chinchilla

Tu fecha de parto está mal

Por Christie Haskell

El modo en que se calcula la “fecha probable de parto” hoy en día es, como poco, impreciso. A menos que sepas el día que ovulaste y el día que concebiste, así como la duración de tu ciclo, y lo calcules tú misma, es probable que tu fecha de parto esté mal: de hecho, puede que ni se acerque. La mayoría de fechas de parto se equivocan de promedio en dos semanas.

Creo que la mayoría de las mamás en Estados Unidos conocen la organización March of Dimes”, una organización sin ánimo de lucro que se dedica a la prevención de nacimientos prematuros y muerte prenatal, además de estar al frente de las investigaciones sobre el cuidado de bebés prematuros. En estos momentos, están colaborando con 40 hospitales del estado de Carolina del Norte para impedir nacimientos prematuros mediante la prevención de inducciones innecesarias. ¿Su mensaje?

El embarazo puede ser incómodo y a veces francamente infeliz, pero es necesario aguantar hasta el final, y tu médico debe negarse a inducirte el parto salvo que sea necesario por un motivo médico.

Lo sé, lo sé… qué impertinente por su parte decirle a las mujeres lo que deben hacer con sus cuerpos.

Bueno, salvo por el hecho de que su objetivo es asegurarse de que tu bebé está lo más sano posible, y si para eso debes seguir embarazada dos o tres semanas más, entonces os dirán, a tí y a tu doctor, que eso es lo que deberías hacer.

Dada nuestra manera incorrecta de ver la fecha de parto, esto significa que si decides inducir en la “semana 38” sin razones médicas, tu bebé podría ser de 36 semanas de gestación, y por lo tanto ser prematuro y necesitar cuidados intensivos neonatales.

Se parte de la base de que tienes un ciclo de 28 días, ovulas el día 14 y sangras 5 días. No todas somos así. Puede que os parezca demasiada información, pero mi ciclo es de 33 días y ovulo el día 18, de modo que cuando mi médico se empeñaba en que la fecha probable de mi hija era el 5 de julio, yo le recordaba siempre que no soy una humana cortada a patrón: mi fecha probable de parto era el 10 de julio. Mi hija nació de 38 semanas y 3 días, pero ellos decían que fueron 39 semanas justas.

Cada vez que mencionaban la fecha que habían anotado, yo les corregía. ¿Por qué? Por que aunque al final no tuvo importancia, ¿qué hubiera pasado si hubiera llegado a la semana 41 o 42 según sus cálculos, que eran erróneos? Me hubieran presionado para inducirme el parto, a pesar de que el cálculo correcto demuestra que estaban asumiendo que mi hija tenía una semana más que su edad gestacional real.

Pero estoy divagando… “March of Dimes” señala que el cerebro a las 35 semanas de gestación sólo pesa dos tercios de lo que pesa a las 39-40 semanas. Estas 4-5 semanas más marcan una enorme diferencia. Los bebés que nacen incluso dos semanas antes tienen mayores tasas de problemas respiratorios, ictericia, problemas alimenticios, de regulación de temperatura, y retraso en el desarrollo cerebral.

Es mucho riesgo por no estar embarazada dos semanas más, ¿no?

Eso sin mencionar que inducir el parto antes de la semana 39 aumenta substancialmente el riesgo de cesárea, que tiene ya de por sí sus peligros para la madre y el bebé, de modo que no sólo tu bebé puede verse seriamente afectado por una inducción innecesaria y un nacimiento prematuro.

Los esfuerzos de “March of Dimes” y los hospitales mencionados han dado como fruto una drástica reducción en los nacimientos prematuros y cesáreas… nada menos que 44% menos de nacimientos prematuros o pretérmino causados por una inducción electiva e innecesaria. ¡Es una cifra enorme!

Espero que su éxito en Carolina del Norte continúe, sea un ejemplo y establezca unos criterios generales para los hospitales de todo el país para que podamos eliminar las inducciones electivas. Al fin y al cabo, todas las mamás quieren que su bebé esté lo más sano posible desde el primer momento, y después de haber estado embarazada 37-38 semanas, y con décadas de vida por delante para ti y para tu hijo, un par de semanas más no es nada dentro del “gran plan”, pero puede causar diferencias de por vida.

¿Te preocupa tu “fecha de parto”? ¿Qué opinas de esta noticia de “March of Dimes”?

Sobre este tema también recomiendo leer el artículo “Induciendo el miedo” de Jesusa Ricoy-Olariaga.

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La leche amarga

Hola todas, creo que corremos el peligro de hacer de esto de la protesta contra el artículo de “mamá o vaca” un punto de inflexión para que las personas a favor del bibe acaben por creer que queremos negarles su opción. La mayoría de nosotras no estamos realmente “en contra” del bibe, no es una guerra de bandos. Sólo en contra de que nos insulten y en contra de la falta de información. Alimentar a un bebe con bibe puede ser por muchos motivos, pero estamos de acuerdo en que no se debe atacar la lactancia natural, que es extremadamente beneficiosa. Es como decir que la comida mediterranea es mala en tal de defender los suplementos vitamínicos de farmacia.

Estamos de acuerdo en el riesgo para la salud pública que supone defender el biberón en comparación con la teta. No deberían compararse, pues creo que cubren necesidades diferentes e incompatibles. Tampoco podemos censurar a las mamás que no dan teta. Es una opción, que existe nos guste o no, y no podemos demonizarlo, ya sabemos que el tener enemigos nos llena de razones y de orgullo y nos anima a luchar.

No somos enemigas. Somos madres con opciones mas o menos aceptables, y en crianza no me diréis que no hay opciones terribles que toman algunas madres y que vemos todos los días.
Lo que vengo a decir es que por favor no convirtamos esto en una batalla, deberíamos estar todas unidas por una mejor información.

Nosotras no tenemos miedo a una información completa y sin filtrar ya que sabemos que la lactancia materna siempre ganaría en argumentos ;)

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No somos vacas, sí somos mamíferas.

  • Le puedes dar mil vueltas, pero dar teta es lo NATURAL
  • ¿Cuántos anuncios has visto últimamente de leche para recién nacidos? (los anuncios empiezan con la leche “de continuación”, hum…) ¿Y de tabaco? ¿Sabes por qué ninguno de los dos se puede publicitar? Lo dejo a tu imaginación
  • Hemos vivido un proceso de negación de la humanidad, del hecho simple y llano de que somos como somos por algo. Hacemos lo que sea para alejarnos de las “incomodidades” de ser humano. Menstruación, parto, lactancia, crianza… todo enfocado a que sea “lo menos molesto posible”. Uy!, si no vives para tu trabajo y para tí misma, eres una pieza de museo, además de por lo que se ve objeto de burla.
  • Qué tiene de malo aceptar la realidad de que el biberón sólo tiene una indicación: puede llegar a ser más cómodo para algunas madres, por cualquier motivo que ellas elijan.. pero por favor,  no me vendan la moto de que el bibe es mejor, ni igual, ni parecido… señora… no insulte mi inteligencia, esta que tiene miles de años y una evolución que nos ha hecho sobrevivir hasta hoy.. ah, los adelantos científicos nos superan como humanos… que cree que ya no le hace falta actuar como un mamífero, que ya es un ser superior… ah, bien… a lo mejor es usted marciana, pero yo sigo siendo humana.
  • Doy las Gracias a las muchas mujeres (y hombres) que hacen una labor de re-información sobre lo que es NATURAL, para que no perdamos los papeles en estos debates biberón/teta. No debería haber debate: cumplen funciones tan diferentes que no hay discusión posible.
  • El artículo del Mundo me parece tan ignorantemente pseudo-informativo, pseudo-liberador, que se me antoja que la semana que viene podrían poner en la portada una foto de un hombre con un cucharón ante unos fogones, con un delantal de faralaes, zapatillas de felpa y pañuelo en la cabeza, que reze: “¿Es que eres tu abuela? los beneficios de no cocinar, la industria alimentaria enlata comida perfectamente nutritiva.”
  • Oooh, sí, que no puedo comparar la leche en POLVO con comida ENLATADA… ejem… empecemos por el formato.. sí, igual. Ah, formulaciones científicas… la comida de lata no se inventa mediante un proceso aleatorio, son recetas, y tienen un montón de valores nutricionales en la etiqueta… qué pone en la etiqueta de la leche de bebés?… anda! si pone que la teta es lo mejor! vaya! Volvemos al tema de que elegir bibe nunca puede ser con la excusa de que sea mejor ni igual…
  • Si se dice que el bibe es igual de bueno es para que las madres no se ASUSTEN y confíen cuando se ven obligadas, por circunstacias muy extremas, o en ocasiones, seamos claros, confundidas por la industria y por alguna despistada como la señora de “el Mundo”, para no dar pecho. Es como decir: le ponemos un suero, señora, es igual de bueno que comerse un cocido, oiga. Sí, acabo de comparar la leche real con un buen cocido. Uno recién cocinado, calentito, con nutrientes vivos, diseñado para ese bebé, en ese momento de su desarrollo, en ese lugar donde vive, y que nunca tendrá imitadores ni de lejos, por el placer para el niño, por la cercanía, por los beneficios que conocemos, por el vínculo, porque dele bibe a su hijo y verá como aún así le sigue gustando su pecho calentito, porque sí señora, somos como las vacas, y como las gatas, y como las delfinas, y como las osas panda del zoo, y si usted ve algo digno de burla o ve algún tipo de esclavitud o de imposición en eso… hágaselo mirar, de verdad.
  • Y que quede clarito que para mí una mujer que decide informadamente es digna de respeto, no creo que sea de vergüenza dar bibe, sólo creo que justificarse atacando lo natural es indigno. Lo que no tolero es esa sarta de sandeces, gran triunfo de las empresas productoras. Buceemos y seamos sinceras con nuestros motivos para elegir: si temes ser juzgada por tu decisión a lo mejor es más un remordimiento tuyo que una percepción real. Si has decidido bien, ¿qué más te da lo que te digan? A lo que reaccionan las mujeres informadas es a los motivos rebatibles. Si no quieres dar teta, porque no te da la gana, porque te viene bien, eso no es rebatible, es sincero.
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Escuchando con el Corazón

Por fin existe en España una red de apoyo telefónico para las Mujeres que se sienten infelices o traumatizadas por cómo fue su parto, Escuchando con el Corazón. Os animo a todas a leer su presentación, y difundir la existencia de esta red maravillosa y tan necesaria.

 

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La diputada y la teta

Bueno, simplemente enlazo con este acertado artículo…

http://www.sermamas.es/actualidad/madres-a-la-calle/

:)

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10 maneras de preparar a una mamá para un mal parto

Texto de Sarah C
publicado originalmente en http://mamabirth.blogspot.com/
Traducido por Ana Isabel Chinchilla para Por un Parto Respetado FB
 


1.  Trata su embarazo como una enfermedad y a su bebé como un tumor extraño.

Esto creará el marco idóneo para sentirse enferma, odiar el embarazo y desear que acabe lo antes posible. También plantará la semilla de la duda sobre la capacidad de su cuerpo de hacer algo bien.

2.  Pruebas, pruebas, pruebas

En lugar de hablar con ella y escuchar sus inquietudes, hazle pruebas caras e invasivas para enfermedades y afecciones que muy probablemente no la afecten. De este modo no tendrá tiempo para decirte lo que sí le pasa, como haría si realmente CONOCIERA a su profesional de la salud, y (como ventaja adicional) la llenará de ansiedad sobre su embarazo y su parto. Algo podría salir mal en CUALQUIER momento.

3.  Dile que su cuerpo no funciona

Es importante que lo hagas con sutileza. No te conviene que la mamá se enfade y salga huyendo; tan sólo debes infundirle la suficientes dudas de sí misma como para que crea que te necesita. Algunas frases buenas: “El bebé es un pelín grande…”, o “me preocupa que tus resultados para la prueba de X hayan salido en el límite, creo que te deberíamos hacer la prueba otra vez” … estos son buenos ejemplos. (Por supuesto, un clásico es “estás engordando un poquito de más”)

4.  Realiza exámenes vaginales frecuentes durante el embarazo

Esto te ayuda a establecer la dominancia ya que ella está en una posición de sumisión mientras que tú adoptas la del macho Alfa. Además, son molestos, y todos sabemos que nadie se pone a cuestionar nada cuando no lleva las bragas puestas. También es un excelente momento para emplear el punto núm. 3 (p.ej. “huumm, tienes la pelvis bastante estrecha”.

5.  Recuerda: siempre puedes encontrar un motivo para inducir

Para cuando la fecha de parto se acerque, la mamá debería haberse concienciado de su incapacidad total de funcionar sin ti y de tener un bebé por sus propios méritos. Está sugestionable y ahora es el momento de ofrecerle una inducción. Además, estará cansada e incómoda (especialmente si está centrada en el punto núm. 1) y creerá que la estás ayudando. Recuerda, todo vale como motivo para inducir, desde que el bebé es pequeño hasta que es grande, pasando por cualquier opción de en medio.

6.  Dale una fecha de parto

Hasta ahora te has asegurado de tratar su embarazo y parto como un examen que es incapaz de superar. La fecha de parto es el colofón perfecto. La hace más abierta al punto núm. 5 (inducción) y le recuerda que si no lo hace todo perfecto (por ejemplo, tener al bebé en la fecha establecida), no recibirá un 10 en su examen de embarazo y parto. ¿Cómo podría dar a luz en condiciones una mujer que no ha tenido a su bebé cuando correspondía?

7.  Recuerda, la pitocina es tu amiga

Llegó la hora del parto! Incluso si la mamá es una de las pocas que tiene a su bebé cuando debería, puedes usar pitocina para hacerlo más doloroso. Si no, puedes usarla para inducir el parto. A estas alturas ella estará prácticamente suplicándote que la ayudes a sacarle el bebé. La pitocina tiene muchas funciones: 1) es muy buena para la inducción 2) es muy buena para hacer el parto más doloroso 3) es muy buena para hacer que tenga al bebé rápidamente y 4) es muy buena para hacerte sentir necesitado.

La mamá ya sabe que no puede hacer esto ella sola sin ayuda de la tecnología y sabe que el parto es DOLOROSO y HORRIBLE. No le digas que la pitocina lo empeora. Ella se alegrará de que que estés allí para hacérselo más fácil.

8.  ¡Fármacos!

Llegados a este punto, ella estará de rodillas ante el altar de la tecnología moderna y la medicación, y se sentirá agradecida por los “expertos” que la rodean, que pueden hacer que el dolor se vaya. Aquí entras tú. Sólo un experto titulado puede proporcionar analgésicos. ¡No serás un caballero sobre su blanca montura, pero sí llevas una bata blanca y una aguja y eso es suficiente!

9.  ¡Siempre puedes hacer cesárea!

Y si lo anterior no resulta para sacar al bebé, no te preocupes: ¡puedes salvar el día con una cara, rápida e invasiva cesárea!

Tiene un montón de beneficios: 1) Consigues salvarla a ella y a su bebé (shh, no le digas a nadie que para empezar, la pusiste tú en peligro con los puntos 1-8) y 2) A pesar de que la has abierto y le has sacado al bebé, ¡aún te estará agradecida de que te ocuparas de todo! De verdad que no podría haberlo hecho sin tí. ¡Menos mal que estaba en el hospital!

10.  Recuerda: ¡el bebé está VIVO!

Y después de todo esto, algunas veces la mamá se dolerá de no haber tenido un parto no medicalizado (normalmente porque tiene amigas malísimas a las que les gusta aquel documental tan horrible de “The business of being born”: “el negocio de nacer”) Ahora es el momento de hacerle ver que no tiene derecho a lamentarse de no haber tenido ese tipo de parto, ya que al fin y al cabo, tiene un bebé sano. Esto también hace de sutil recordatorio de que ella es egoísta y mala madre.

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Salir del laboratorio, ¿de vuelta a la habitación en penumbra?

Nueva traducción! Publicado por Rompiendo Aguas. Una excelente explicación de la situación actual del parto, propuesta del parto  en casa como alternativa saludable y sostenible, desmitificando sus peligros y alentando a las matronas a ofrecerlo activamente. ¡Un texto imprescindible para todas, cualesquiera que sean tus ideas al respecto!

https://docs.google.com/document/pub?id=1s35s7EKPmeSkkOfwVan4BJL8vx2xVFUTBq0xD8MZGRw

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las 15 acusaciones

Artículo publicado en la revista Criar y transcrito por Paloma, de Paideia en familia.

Por cierto, Paloma y su familia están pasando por momentos tensos con los servicios sociales porque son Homeschoolers. ¡¡Si quereis darles apoyo, id a su blog y comentad!!

Las 15 acusaciones.

En un mundo como el nuestro, que desprestigia la maternidad y la crianza, parece que el cuidado de los bebés y niños es un hecho anecdótico y aislado en la historia de la persona, que no tiene influencia más allá de la infancia, y por supuesto ninguna relación con la sociedad.

Vivimos como si funcionase así porque actualmente predomina una crianza mecanizada: de biberón en vez de lactancia, de chupete en vez de consuelo, brazos o teta, de guarderías en vez de madre, de cunas alejadas de la habitación de los padres, de muñecos que imitan el latido cardiaco, de hamacas y columpios varios, de cámaras para vigilar al bebé en la distancia, de CDs de nanas o susurros, etc.

Sin embargo, la crianza sí influye en la edad adulta y por tanto en toda la vida de la persona, y sí determina el cómo es la sociedad. Y sus consecuencias son de tal envergadura y profundidad que llegan a explicar el grado de violencia que vive cada cultura.

A pesar de otro tipo de factores como genéticos, económicos, etc. la variable que mejor define el nivel de equilibrio emocional de una sociedad es el tipo de cuidado que dispensa a sus niños y a las personas de quien depende, su familia. Y nos encontramos entonces con 2 grandes grupos de modelos de crianza y de vida: violentos o pacíficos.

La diferencia entre ellos radica en el tipo de parto, la separación temprana madre-bebé, la existencia de lactancia prolongada o no, el respeto a las necesidades de los niños de día y de noche, el contacto piel con piel que se establece, el número de adultos-cuidadores por niño, la rapidez de respuesta ante el llanto,… y en definitiva, en si existe una crianza de apego o desapego.

Los pueblos poco afectivos con sus crías y con poco contacto piel con piel presenta altos niveles de violencia en la edad adulta. Sin embargo la agresividad es casi nula entre los pueblos que mantienen un contacto muy estrecho y continúo con sus hijos.

Los antropología han constatado este hecho innumerables veces, pero, por si quedaba alguna duda, la moderna psiconeuroendocrinología también lo ha confirmado y justificado: a menor contacto con un bebé, menos protegido y más temeroso se siente y más adrenalina segrega su cerebro. En cambio, a más afecto, contacto y amor, más se activan los circuitos cerebrales de la serotonina.

Teniendo en cuanta la plasticidad cerebral de los primeros años de vida, y cómo las experiencias modelan la arquitectura neuronal y la personalidad del adulto, el predominio de una u otra hormona crea individuos distintos. El contacto físico y emocional constante con la madre (la primera fuente de amor) es lo que asienta los sistemas cerebrales del placer y crea personas seguras, confiadas y amorosas. Cuando el niño no recibe el afecto que necesita se crea una cultura basada en el egocentrismo, la violencia y el autoritarismo.

Cada autor lo ha nombrado de forma diferente: desamparo aprendido, indefensión, aprendizaje de la impotencia, desesperanza, sumisión, … pero en el fondo todo es lo mismo: sufrimiento y resignación, que determinan una actitud fría hacia el mundo y hacia los demás y que sólo en determinadas circunstancias pueden ser revertidos.

Podríamos creer que todas estas teorías de las hormonas y el apego sólo funcionan con tribus remotas y no en una sociedad con mp3, cirugía estética, hipoteca y rayo láser. Pero no es así.

Esa adrenalina y agresividad nos define también a nosotros y explica el grado de devastación al que hemos sometido a la Naturaleza, el injusto orden internacional, las cifras de miseria y hambre, y la violencia entre los países y en el seno de las propias familias.

¿Cómo hemos llegado a esto? Aunque las explicaciones son múltiples, la más potente y brillante (para el sistema) ha sido perturbar la relación madre-hijo que la naturaleza ha previsto para velar por el desarrollo físico, emocional, intelectual y social de una persona.

Atacando el apego desde la raíz se consiguen ciudadanos vulnerables, siempre necesitados y anhelantes de algo más, desorientados, sumisos y dependientes de una sociedad consumista y devoradora.

Pero para lograr una ruptura tan radical se necesita un engranaje de diferentes actores que consigan cegar totalmente el juicio y el instinto de las madres. Lo consiguieron. Y estas son mis 15 acusaciones:

1. Acuso a la industria farmacéutica de haber convertido todos los procesos naturales de la mujer en enfermedades tremendamente rentables: menstruación, anticoncepción, embarazo, parto, lactancia, crianza y menopausia.

2. Acuso a la píldora anticonceptiva (y todos los productos hormonales en general en mujeres sanas) de haber alterado totalmente nuestro delicado equilibrio endocrino y de robarnos los mensajes intuitivos que llegan del inconsciente con las diferentes fases del ciclo menstrual femenino, por la relación entre ovarios, determinadas hormonas y actividades de hemisferios cerebrales. Este es uno de lo problemas de base sorprendentemente ocultado. Las mujeres no se desconectan en el parto de sí mismas por primera vez, sino que llevan años desvinculadas de la sabiduría femenina ancestral y más unidas a un laboratorio que a su propio cuerpo.

3. Acuso al negocio de la fecundación artificial de aprovecharse de las mujeres desesperadas por concebir y someterlas a dolorosos, caros y largos procesos, en vez de analizar las causas verdaderas (y subsanables) del fracaso en los embarazos, y que nos obligarían a replantearnos el ritmo y el estilo de vida que llevamos a todos los niveles.

4. Acuso a la industria de la alimentación de su macabra y eficaz estrategia para convencer a medio siglo de mujeres y conseguir que la leche de un animal (cuyo cerebro es mucho menor que el humano) tratada químicamente, suministrada en plástico, y por manos frías, muchas veces, haya suplido al calor, amor y el milagro de una teta blandita. Este triunfo económico ha significado una condena a muerte a millones de niños en países poco desarrollados, y alto riesgo de enfermedades, menos nivel cognitivo y desapego en los países ricos. Ausencia de lactancia significa ausencia de oxitocina y menos enamoramiento madre-hijo, y a partir de aquí una larga cadena de conductas artificiales.

5. Acuso al sistema obstétrico de haber convertido la normalidad del parto en patología, de haberlo medicalizado hasta el delirio de 50% de cesáreas en algunos países, de no haber respetado la extrema fragilidad del recién nacido y de haber convertido el sagrado acto del nacimiento en una mera extracción y manipulación de bebés.

6. Acuso a los pediatras de haber confundido sus creencias y prejuicios con la verdadera ciencia, de haber frustrado millones de potenciales lactancias exitosas con falsas normas, de haber convertido en enfermedad una pauta de sueño mamífera y de anteponer sus criterios a las recomendaciones de la OMS.

7. Acuso a los neurólogos y psiquiatras de sobre-diagnosticar la hiperactividad, y de drogar y anular a una generación de niños (a pesar de los constatados y denunciados efectos secundarios) con Ritaline/Rubifren: la cocaína pediátrica

8. Acuso a los psicólogos de medrar a costa de todos los errores del sistema en crianza, de no hacer honor a su nombre (psiqué=alma), de crear teorías que han justificado la continua domesticación de los niños anulando el leve instinto materno que quedaba (sobreprotección, falta de límites, permisividad por consentir demasiado, malcriar, etc.), y de haber inventado una falsa socialización temprana que no existe hasta mucho más tarde ( 6-7 años cuando queda establecida la lateralidad cerebral).

9. Acuso a los falsos gurús de crianza: Spock/Ferber/Valman/Estivill y secuaces conductistas de hacer apología de métodos de socio-tortura y vender insensibilidad, crueldad y falta de respeto hacia los niños. Si hubiese un Tribunal de la Haya Emocional, todos estos personajes habrían sido condenados por sufrimiento a la Humanidad.

10. Acuso a las feministas clásicas de haber mutilado a las mujeres humillando nuestra feminidad y maternidad, y de haber vendido a nuestros hijos por una falsa liberación que simplemente fue un cambio de lugar de opresión, y que perpetuó y potenció el sistema y los valores dominantes: masculinidad, competencia, depredación, jerarquía. Nunca hubo ninguna revolución social, sino un continuismo con otra cara. Sí es compatible el trabajo y la crianza, pero para eso hay que transformar el sistema y no abducirnos a nosotras y abandonar a las criaturas.

11. Acuso a las revistas femeninas de fomentar modelos de mujeres descerebradas, consumistas, siliconadas, hipersexuales que cuando tienen hijos se convierten en madres virtuales que atienden por control remoto a sus criaturas a golpe de Visa y continúan con su estresante vida sin inmutarse ni un tacón.

12. Acuso al sistema educativo de precocidad, de tener planes obsoletos que no responden a las verdaderas necesidades de aprendizaje a través del juego y la libertad de expresión, de fomentar la sumisión y obediencia e impedir los procesos de pensamiento independiente y creativos que permiten encontrar el propio camino en la vida .

13. Acuso a toda la sociedad de ser adultocentrista y haber excluido a los bebés y niños de la vida diaria, de infravalorar la maternidad y crianza considerándolo una pérdida del talento de la mujer pero sí valorar a ésta como productora dentro del sistema económico (ni como reproductora ni como cuidadora).

14. Acuso al estado de Bienestar de haber secuestrado la vida de los bebés encerrándolos en guarderías tempranas que se convierten así en una especie de “orfanatos de día” bien decorados, mientras obliga a sus dos padres a trabajar lejos de casa para subsistir en un modelo de vida asfixiante, de haber pasado del concepto de “se necesita una aldea para criar un niño” a la soledad y el desamparo de 8 bebés por cuidadora, de tener unas políticas de conciliación familiar-laboral miserables, de ausencia de ayudas familiares decentes, y evidentemente de haber creado una sociedad del malestar en la que según la OMS en el 2020 la depresión será la segunda enfermedad.

15. Y por supuesto, acuso a las mujeres de no escuchar su corazón ni su instinto, de haber sacrificado a sus hijos para que el sistema los devore (porque ellas ya lo estaban), de acceder a la maternidad y parto con muy poca información y por tanto con una actitud de niñas dóciles que delegan su papel en los demás, de no luchar o exiliarse de este injusto modelo económico ni siquiera dentro del hogar, sino de dirigir la rabia y frustración (consciente o no) contra sus hijos, insensibilizándose ante su llanto y llamadas nocturnas, de obsesionarse por el adiestramiento y las normas (que en el fondo les ayudan a ellas a tener una estructura y orden y a desculpabilizarse de su abandono real), y de centrar todas sus fuerzas en aspectos externos al hogar.

Estos 15 agentes han hecho que llevemos varias décadas con una crianza impregnada del espíritu light de Herodes: subestimar la importancia de satisfacer plenamente los instintos y necesidades de la infancia, y han creado una sociedad DES-MADRADA, no amorosa, no segura de sí misma, no empática con los demás, que es la causa del estado actual de la Tierra.

Afortunadamente esta situación nunca ha sido 100% generalizada y siempre ha habido pediatras, neurólogos, ginecólogos, comadronas, psicólogos, revistas, colegios y madres y padres disidentes de la crianza oficial, que han sufrido muchas burlas, incomprensiones y zancadillas sociales, pero que han mantenido la luz encendida para todos los que venían detrás con los ojos abiertos.

Ese modelo de desapego nos ha obligado a estudiar e informarnos en profundidad (a veces más que muchos profesionales), nos han obligado a citar continuamente a la OMS, a husmear en los estudios antropológicos, a entender el efecto del cortisol y la alteración de la amígdala, a comparar diferentes culturas, a conocer las ayudas de maternidad del norte de Europa, etc. Pero nos han hecho fuertes.

Y por ello, ha llegado la hora de dejar de justificar la crianza mamífera como preferencia caprichosa personal, y de trasmitir que es la única salida posible para el planeta. Y podemos gritar con orgullo que las evidencias científicas, el instinto, la historia del mundo, el corazón y la Ética están de nuestro lado.

Estamos en un NUEVO PARADIGMA que es el de la maternidad consciente, vocacional y amorosa en total consonancia con otras transformaciones sociales: alimentación más sana, respeto y preocupación por el medio ambiente, auge de las medicinas naturales y alternativas, energías verdes, nuevas formas de espiritualidad, etc.

La pregunta ahora no es qué tipo de crianza eliges, sino en qué tipo de mundo quieres vivir: en el actual de niños y padres separados, dominio de la adrenalina y la frustración, o en un mundo de oxitocina, amor, fusiones emocionales y bienestar.

La Política tendrá que hacer sus deberes y subir el PIB de ayudas a familias del 1’1% actual (en España) a más del 2% que es el nivel europeo, aumentar la baja de maternidad, fomentar la creación de espacios familiares, grupos de maternidad y ayuda mutua en el cuidado para compensar el aislamiento y soledad de tantas familias en nuestra sociedad, etc.

Pero las que verdaderamente debemos cambiar el estado de cosas y la mentalidad social somos nosotras: las propias mujeres.

La mujer que gesta y trae al mundo un hijo también gesta de alguna manera la sociedad. En su embarazo, parto, lactancia prolongada y apego con su hijo se gesta la salud física, emocional del niño, su capacidad de amar, de relacionarse con el mundo, su respeto a la vida, su alegría de vivir y su dignidad. Esto es sencillamente: PODER, y, para evitar que lo tengamos, han hecho todo lo posible por desapegarnos de nuestros hijos, ya que los humanos criados de esta manera son sabios y no comulgan con un modelo de sociedad basado en tantas mentiras e injusticias.

La lactancia es el acto más subversivo contra la sociedad actual: es gratuita, crea hijos sanos y felices, colmándoles el estomago, el corazón, los chakras y el alma. En la lactancia hay una parte que todavía no nos han explicado y es la LACTANCIA CUÁNTICA, la unión entre el bebé y el Universo a través de la madre. La lactancia es la alquimia de la vida y es la transmisora del conocimiento ancestral de millones de mujeres a través de una cadena energética de amor. Por ello, hay que defenderla, normalizarla y apoyar su uso como medida prioritaria.

Ahora parece que somos pocos, como una insignificante ola en medio del océano, pero seremos millones, y esa ola se convertirá en un tsunami que cuando llegue a la costa arrasará el Sistema. Los nuevos tiempos nos acompañan.

Otro mundo es imprescindible y está al alcance de la mano con tan sólo tres requisitos: oxitocina, apego y conciencia.”

Revista Criar

Trancripcion en Paideia en familia

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Lactancia materna en Mongolia

Os traduzco este maravilloso texto. Gracias Jesusa Ricoy por el enlace, el original en drmomma.org

Hay en Mongolia un dicho muy utilizado que afirma que los mejores boxeadores toman leche materna durante al menos seis años, afirmación muy seria para un país en el que el boxeo es el deporte nacional. Me trasladé a Mongolia cuando mi primer hijo tenía cuatro meses y viví allí hasta que cumplió tres años.

Criar a mi hijo en aquellos primeros años en un lugar donde la actitud hacia la lactancia materna es tan radicalmente diferente de las costumbres que prevalecen en Norteamérica me abrió los ojos a una visión completamente diferente de cómo podría ser todo. Los mongoles no solamente prolongan la lactancia materna, sino que además lo hacen con más entusiasmo y menos inhibiciones que casi nadie de los que había conocido hasta entonces. En Mongolia, la leche materna no es sólo para bebés; no se trata sólo de nutrición y definitivamente no es un tema sobre el que se imponga la discreción. Es la madera de la que estaba hecho Genghis Khan.

Al igual que muchas madres primerizas, no había pensado demasiado sobre la lactancia antes de tener a mi bebé, pero minutos después de que mi hijo Calum saliera, se agarró a la teta y durantelos siguientes cuatro años no parecía nada dispuesto a soltarse. Tuve suerte, porque en muchos aspectos la lactancia nos resultó sencilla: ninguna grieta en el pezón, rara vez un pecho ingurgitado. Mentalmente las cosas no eran tan sencillas: a pesar de lo mucho que amaba a mi bebé y disfrutaba del vínculo que nos ofrecía la lactancia, en ocasiones resultaba insoportable. No estaba preparada para la magnitud de mi amor por él ni para la intensidad de su necesidad de mí en exclusiva y de mi leche. “No le permitas que te convierta en un chupete humano”, me advirtió una enfermera canadiense pocos días después del nacimiento de Calum, que mamaba a todas horas, pero yo repasaba todos los posibles motivos de su llanto (¿gases?, ¿pañal? ¿infraestimulación? ¿sobreeestimulación?) y por lo general acababa dándole teta de nuevo. Me preguntaba si hacía bien.

Entonces me trasladé de Canadá a Mongolia, donde mi marido llevaba a cabo unos estudios sobre vida salvaje. Allí los bebés están siempre envueltos en varias capas de gruesas mantas, atados con cuerda como un paquete que no quieres que se rompa en el correo. Cuando un paquete murmura, se le pone un pezón en la boca. No se les cambia muy a menudo y nunca se les hace eructar. No hay ni siquiera una manos en las que poner un sonajero. Por supuesto, no hay ratitos boca abajo. Los niños permanecen envueltos hasta al menos los tres meses, y cada vez que emiten un sonido, se les da de mamar.

Esto resultaba interesante. A los tres meses, los bebés canadienses ya tienen actividades sociales, incluso natación. Algunos aprenden a “calmarse solos”. Yo daba por sentado que había muchos motivos por los que un bebé podía llorar y que era mi trabajo averiguar la razón y darle la solución adecuada. Pero en Mongolia, aunque los bebés puedan llorar por muchos motivos, sólo hay una solución: leche materna. Dejé de darle vueltas e hice lo mismo.

En Canadá la lactancia materna aún está rodeada de cierto misticismo, pero en realidad no estamos demasiado acostumbrados a ella. La lactancia se realiza en casa, en grupos de lactancia, quizá en alguna cafetería: rara vez se ve en público y desde luego nosotros mismos no tenemos recuerdos conscientes de haber sido alimentados con pecho. A esta íntima actividad entre madre e hijo se la trata con secretismo y educadas miradas hacia otro lado, y se considera casi igual que las demostraciones públicas de intimidad en una pareja: no es tabú, pero sí que causan ligera incomodidad y son educadamente ignoradas. Cuando el silencioso y angelical recién nacido se convierte en un niño activo resuelto a comunicar a todo el mundo lo que está haciendo a cada momento, bueno, entonces esos ojos se apartan con mayor rapidez e intensidad, a veces con el ceño fruncido.

En Mongolia, dar el pecho en público, en lugar de relegarme a la sección de “sólo mamás”, me puso decididamente en el centro de atención. Su práctica universal de dar pecho en cualquier momento y lugar, así como la cercanía en la que la mayoría de los mongoles vive, implica que todos están acostumbrados a ver un pecho en acción. Les alegraba ver que hacía las cosas a su manera (que por supuesto era la manera correcta).

Cuando daba pecho en el parque, las abuelas me brindaban sus historias sobre cómo habían alimentado a sus doce hijos. Cuando daba pecho en el asiento trasero de los taxis, los conductores levantaban sus pulgares por el retrovisor y me aseguraban que Calum se convertiría en un gran boxeador. Cuando paseaba por el mercado acunando a mi hijo en mis brazos mientras mamaba, los comerciantes me hacían un sitio en su puestos y le decían al niño que se lo bebiera todo. En lugar de mirar a otro lado, la gente se inclinaba sobre Calum y le besaba la mejilla. Si se soltaba de la teta en respuesta a la atención recibida, dejando mi pecho chorreando y completamente expuesto, no pasaba nada. Nadie se quedaba mirando, nadie apartaba la vista: simplemente se reían y se limpiaban la leche de la nariz.

Desde que Calum tenía cuatro meses hasta los tres años, allá donde fuera, oía una y otra vez lo mismo: “La teta es lo mejor para tu bebé, lo mejor para ti” La aprobación constante me hacía sentir que hacía algo importante que interesaba a todos; exactamente la clase de aprobación pública que toda madre reciente necesita.

Para cuando Calum cumplió los dos años, yo ya había descubierto lo útil que podía ser la lactancia materna. Nada hace que un niño se duerma más rápido, alivia el aburrimiento de un largo viaje en coche, o calma una tormenta que se cierne, tan rápidamente como una poca leche calentita de mamá. Es la ayuda más útil para la madre perezosa, y yo creía que le daba todos los usos, pero los mongoles lo llevaban más lejos.

Durante los inviernos mongoles, pasaba muchas tardes en en el yurt de mi amiga Tsetsgee, huyendo del frío glacial de fuera. Fue instructivo comparar nuestras técnicas de crianza. Cuando estallaba una pelea por los juguetes entre nuestros hijos de dos años, mi primera reacción era restablecer la paz distrayendo a Calum con otro juguete al tiempo que le explicaba los principios de compartir las cosas, pero esto llevaba tiempo y una media de éxito de tan sólo un cincuenta por ciento, En el restante cincuenta por ciento de veces, cuando Calum no quería dar su brazo a torcer y su frustración aumentaba hasta el punto de ebullición, lo cogía y le acunaba en brazos para amamantarle.

Tsetsgee tenía una táctica diferente. Al primer murmullo de discordia, se levantaba la camisa y empezaba a menear sus pechos con entusiasmo, diciendo: “¡Ven aquí, cariño, mira lo que tiene mami para ti!” Su hijo apartaba la vista de los juguetes para mirar las dianas de sus pechos y siempre se iba hacia ellos.

¿Media de éxito? Cien por cien.

Para no ser menos, adopté la misma estrategia. Allí estábamos, dos madres agitando los pechos como strippers compitiendo por atraer a un cliente. Si los abuelos estaban por allí, se unían a la representación. Los pobres críos no sabían a dónde mirar: la tranquilizadora plenitud de los pechos de sus madres, los mustios pechos planos de la abuela con su larga experiencia, o el extraño montón de carne que el abuelo se agarraba en su envidia de pechos. Por mucho que lo intente, no puedo imaginarme una escena similar en una reunión de la Liga de la Leche.

En mis clases prenatales en un pequeño pueblo de Canadá, donde nació Calum, nos mostraron la lactancia materna con un vídeo de una madre sueca de aspecto especialmente atlético, que daba pecho a su niño pequeño mientras esquiaba. La clase se estremeció: “Claro que es genial para los bebés, pero cuando ya empiezan a hablar y a andar…?” Todas parecían de acuerdo. Yo me callé.

Me tocó a mí sorprenderme cuando una de mis amigas mongoles me dijo que había tomado leche materna hasta los nueve años de edad. Me quedé tan boquiabierta y estupefacta que al principio me lo tomé a broma. Viendo ahora que mi hijo se destetó justo después de cumplir los cuatro años, me avergüenza un poco mi inflexible incredulidad. Aunque nueve años sea bastante edad para tomar el pecho, incluso para los mongoles, no está fuera del rango.


Aunque no siempre era fácil hablar sobre conceptos como “destete voluntario” con mongoles debido a la barrara idiomática, dar pecho “a largo plazo” parecía ser la norma. Nunca conocí a nadie que diera pecho a dos niños, lo cual me sorprendió, aunque debido a que los intervalos entre hijos son bastante largos, la mayoría de los niños dejaban de mamar entre los dos y los cuatro años.

Según UNICEF, en 2005 el 82 por ciento de los niños de Mongolia seguían con lactancia materna entre los 12 y los 15 meses y el 65 por ciento seguían entre los 20 y los 23 meses. El último hijo parece que simplemente continúa, de ahí la niña de nueve años que tomaba pecho, y si la sabiduría popular no se equivoca, de ahí la fama de Mongolia en el boxeo.

Cuando a los tres años Calum seguía tomando pecho con el entusiasmo de un recién nacido y yo me preguntaba cómo surgiría el destete, sentí curiosidad sobre qué animaba a los niños mongoles a destetarse solos. Algunas madres me dijeron que su hijo simplemente perdió el interés. Otras dijeron que la presión de grupo tuvo que ver, (he oído a adolescentes mongoles burlarse de otros diciendo “¡Quieres los pechos de tu mami!” del mismo modo que se dice “¡Corre con tu mamá!”). Cada vez más a menudo, las obligaciones del trabajo obligan a destetar antes de lo habitual: los niños a menudo pasan el verano en el campo mientras que la madre se queda en la ciudad trabajando, y durante esta larga separación a la madre se le retira la leche. Mi amiga Buana, de veinte años, me contó su lactancia, digna de medalla de oro: “Me crié en un yurt lejos, en el campo. Mi madre siempre me decía que me la bebiera toda, que era buena para mí. Yo creía que todas los niños de nueve años lo hacían. Cuando fui al colegio, lo dejé.” Me miró con un brillo travieso en los ojos “ Pero aún me gusta beberla a veces”.

Destetarse me parecía un suceso bastante definido. Siempre esperé que, en algún momento, las tomas se reducirían y seguirían reduciéndose hasta que cesaran por completo. Se me retiraría la leche y ya está. Bar cerrado.

En Mongolia no sucede así. Hablando de lactancia con mi amiga Naraa, le pregunté cuándo su hija, entonces de seis años, se había destetado. “A los cuatro años” me contestó, “a mí me entristeció pero ella no quería tomar teta más”. Entonces Naraa me dijo que la semana anterior, cuando su hija había vuelto de una larga estancia en el campo con sus abuelos, quiso tomar teta. Naraa la complació “Me imagino que me había echado mucho de menos” explicó, “y fue bonito. Por supuesto, yo no tenía leche, pero no le importó”.

Pero si “destetar” significa no volver a beber leche materna, entonces los mongoles nunca se destetan del todo, y esto es lo que más me sorprendió de la lactancia en Mongolia. Si los pechos de una mujer están ingurgitados y su bebé no está cerca, irá sencillamente preguntando a sus familiares, de cualquier edad o sexo, si quieren beber. A menudo las mujeres se extraen una taza de leche para sus marido para darles un capricho, o dejan una poca en el frigorífico para que cualquiera pueda servirse.

Aunque todas hemos probado nuestra propia leche, le hemos dado a nuestras parejas para que la prueben, quizá hemos echado una poca al café en una emergencia ¿no?, no creo que que muchos de nosotras la hayamos bebido a menudo. Sin embargo a todo mongol al que he preguntado me ha dicho que le gusta le leche materna. El valor de la leche materna está tan reconocido, tan firmemente arraigado en su cultura, que no se considera como algo sólo para bebés. La leche materna se usa comúnmente de forma medicinal, se les da a los mayores como una cura para todo, se usa para tratar infecciones oculares así como (dicen) hacer más blanco el blanco de los ojos y más intenso el marrón del iris.

Pero sobre todo, creo que los mongoles beben leche materna porque les gusta el sabor. Una amiga mía occidental que se extraía leche en el trabajo y dejaba la botella en el frigorífico de la oficina se encontró un día la botella medio vacía. Ella se rió: “¡Sólo sospecharía de que mis compañeros se beban mi leche en Mongolia!”

Vivir en otra cultura siempre te obliga a re-evaluar la tuya. No sé cómo hubiera sido dar pecho a mi hijo en sus primeros años en Canadá. La avalancha de observaciones positivas que recibí en Mongolia, así como la aceptación sincera de dar el pecho en público simplemente me asombró, y me dio la libertad de criar a mi hijo de una manera que me parecía natural. Además de las pequeñas diferencias en nuestras costumbres de lactancia, los detalles de cuánto y cuándo, concluí que había una diferencia más grande en nuestros métodos de crianza.

En Norteamérica valoramos tanto la independencia que aparece en todo lo que hacemos. Sólo se habla de qué come tu bebé ahora, y a cuántas tomas has reducido. Incluso aunque no seas la que hace estas preguntas, es difícil escapar de su impacto. Además se venden tantas cosas para que tu hijo se entretenga solo y te necesite menos que el mensaje es claro. Sin embargo en Mongolia, la lactancia no se identifica con dependencia, y el destete no es una meta. Saben que sus hijos crecerán; de hecho, un niño mongol normal de cinco años es mucho más independiente que uno occidental. No hay prisa por destetar.

Probablemente lo más valioso de criar a mi hijo en Mongolia fue que me di cuenta de que hay un millón de maneras de hacer las cosas, y que yo podía elegir cualquiera de ellas. Durante la lactancia de mi hijo tuve varias dificultades, y tomé y deseché ideas y prácticas en mi intento de forjar mi propio estilo. Me alegro de haber amamantado a Calum tanto tiempo: fueron cuatro años al final. Creo que la lactancia fue lo mejor para mi hijo, y que tendrá una influencia duradera en su personalidad y en nuestra relación.

Y cuando gane la medalla de oro de boxeo en la Olimpiadas, espero que me lo agradezca.

Nota:
1. UNICEF Childinfo, “Monitoring the Situation of Children and Women: Infant and Young Child Feeding (2000-2007)” (January 2009): www.childinfo.orglbreastfeeding_countrydata.php


Ruth Kamnitzer vivió durante tres años en una tienda tradicional de tela en la campiña mongola mientras su marido,Steve, llevaba a cabo unos estudios sobre el gato de Pallas de Asia Central. Es licenciada en Conservación de la Biodiversidad y hoy en día vive en Bristol, Reino Unido, con Steve y Calum.

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Un parto feliz a la semana

Una mamá segura y positiva es una Mujer con mucho poder. Poder para crear un bebé a partir de la belleza. Poder para propiciar un nacimiento feliz, respetado.

Algunas de las cosas que te podrían gustar para encontrar ese optimismo, esa seguridad y ese alimento espiritual es ver o leer sobre partos estupendos, y también ver paisajes bellísimos, rodearte de seres que te amen y buscar paz y tranquilidad durante el embarazo.

¡Aunque cuidado! A veces puede ser contraproducente buscar una misma en internet, porque de vez en cuando sale cada cosa horrible incluso bajo etiquetas equívocas como “parto natural”… esta expresión se usa para muchas cosas, hay gente que con que sea parto vaginal ya lo llama “natural”. ¡Pero para eso estamos aquí!

Mi receta es: una historia de parto FELIZ a la semana. A continuación te dejo unos cuantos…

Muchos de estos vídeos los he encontrado a través de las páginas de facebook que recomiendo, otros navegando por blogs preciosos que enlazo en alguna de las secciones de Úteros de guerrilla; otros, buscando al tuntún… ¡A todas las que los habéis compartido originalmente, gracias!

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Ejercicios menstruales

Extraídos de “Luna Roja. Los dones del ciclo menstrual” de Miranda Gray.

Ejercicio 1. Escúchate para comprenderte.

Para conocer tu ciclo y el modo en que te afecta, puedes hacer un pequeño diario. ¡Ah, imposible, no tengo tiempo! Bueno, son apenas cinco minutos diarios, justo antes de dormir, durante los cuales te puedes conceder el regalo más difícil de encontrar hoy en día: tiempo para expresarte y escucharte libremente.

Coge una pequeña agenda y anota cada día:

Fecha. Día del ciclo. Fase lunar (basta con que te fijes en qué día es luna llena, nueva, cuarto creciente o cuarto menguante). Sentimientos (¿feliz, triste, en paz, activa, sociable, retraída, intuitiva, sensible, irritable? ¿te apetecen ciertas actividades o prendas de vestir?) Sexualmente, (¿estás cariñosa, espiritual, exigente, erótica, sexy, vacía…?) Salud (¿tienes molestias de cualquier tipo, estás estresada, tienes ganas de ciertos alimentos?) Sueños (se evaporan con facilidad al despertar, así que anótalos antes de levantarte, sin apenas abrir los ojos, sin cambiar de posición en la cama).

Observarás que existe un ritmo interior, que todo se repite, tu sueños se intensifican en ciertos días, que tus cambios tienen una lógica, y el mero hecho de saberlo te hará sentirte mucho, mucho más segura de tí misma.

Ejercicio 2. Establecer un vínculo consciente con tu útero.

“Al reconocer que la mente está unida al útero y que cada uno reacciona ante los cambios que se producen en el otro, el nexo se transforma en una herramienta por medio de la cual puedes aceptar e integrar a tu vida ciertos síntomas como el ciclo irregular, los dolores durante los días del período o la tensión premenstrual. Practica este ejercicio en cualquier momento, no es necesario que lo hagas siempre en una habitación tranquila.

Cierra los ojos y relaja el cuerpo. Mientras espiras imagina que todas las tensiones y preocupaciones de la vida cotidiana salen de tu interior y caen sobre la tierra. Deja que tu mente recorra tu cuerpo, parte por parte, tomando conciencia de la totalidad. Ahora concéntrate en tu útero: las trompas de Falopio se encuentran a cada lado y los ovarios en los extremos. Céntrate en uno de los ovarios y luego en el otro. Tal vez comiences a sentir más calor o tensión en esa zona.  Ahora visualiza cómo el útero aumenta de tamaño hasta abarcar todo tu cuerpo. Siente cómo las trompas de Falopio se extienden desde tus hombros y visualiza tus brazos, que se abren como ramas y están cargados de huevos cual si fuesen frutos en tus manos.  Deja que la energía creativa de tu útero emerja desde tu interior, circule pro tus brazos y llegue hasta tus dedos hasta hacerlos hormiguear. Asimila completamente la imagen de tu útero.

Poco a poco baja los brazos y deja que tu útero vuelva a su tamaño normal. Reconoce mentalmente su presencia y luego toma conciencia del resto de tu cuerpo. Por último abre los ojos y respira profundamente.

Después de este ejercicio es probable que te sientas muy serena o que sientas la necesidad de crear algo con el fin de utilizar al energía que ha surgido. ¡Adelante!

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Cuentos de hadas, mujeres completas

Elvira Lindo “Mi vida, en dos patadas”

Yo era esa niña que jugaba con muñecas. Esa niña que, en la época remota en que los niños podíamos salir solos a los parques, se bajaba a la plaza paseando a su bebé de plástico en su cochecito de plástico. Yo era esa niña que preparaba comiditas con tierra, la niña que hablaba a su muñeco, le bañaba, le cortaba el pelo y le pedía a sus tías que le hicieran jerséis para el invierno. Yo era la niña que cuando veía a su madre arreglarse le pedía que le pintara los labios, que le pusiera un poquito de perfume detrás de las orejas y que le robaba los zapatos de tacón para disfrutar del sonido maravilloso de los tacones. Esa delicadeza estética y maternal no era cortapisa, queridos amigos, para que fuera la más burra entre las niñas que en el mundo ha habido jugando al churro-mediamanga-mangaentera, un juego tan bestia como el fútbol americano pero sin casco. Yo era esa niña que, con dos costras permanentes en las rodillas, llegaba a casa derrotada de los juegos callejeros, pero como si tuviera una conciencia temprana de que la época del juego se esfuma, no perdía el tiempo: sentaba a mis cinco muñecos en filas como si estuvieran en la escuela y les daba clase. A una de las muñecas le ponía el nombre de una chula de mi colegio y la tenía castigada todo el tiempo contra la pared. Qué placer sentía yo, tan dulce en la vida real, al vengarme de quien tanto me hacía sufrir a mí con sus burlas. Yo era esa niña que leía mucho. Aunque antes de saber leer ya sabía lo que era la literatura gracias a mis tías, que me contaron muchos cuentos. Los clásicos, Garbancito, El enano saltarín, CaperucitaCenicienta. Aprender a leer fue para mí descubrir el mecanismo por el cual uno escucha un cuento cuantas veces quiera. A los doce años ya tenía pretensiones de adulta y empecé a leer las novelas de mayores. Me interesaban, sobre todo, los argumentos en los que se entrelazaran azarosamente las vidas humanas y, por supuesto, aquellos en los que al final venciera el amor. Cuidado, esto que algunos pudieran considerar cursi no estaba reñido con que empezara a encontrar abusivo eso de que fuéramos siempre las chicas las que limpiáramos la cocina. Como niña inteligente que era, sabía muy bien distinguir entre el mundo de la ficción y el mundo real, y el hecho de que en muchas novelas las heroínas buscaran la felicidad a través del casamiento no había convertido eso en el objetivo de mi vida. En mi adolescencia me hice joven revolucionaria y me propuse leer algunos ensayos de pedagogía, sexualidad, psicología. Como resultado de estas lecturas llegué a la conclusión de que había sido una niña antigua y masacrada por la cultura reaccionaria. Una niña de vergüenza ajena. Según el retrato robot de estos estremecedores ensayos, la niña inteligente era la que optaba por los juegos de acción, prefería jugar con automóviles en vez de con muñecas, no quería ser princesa y se masturbaba desde que tenía uso de razón porque de lo inteligente que era antes de saber dónde estaba Leningrado esa niña ya se tenía localizado el clítoris. Yo hubiera seguido jugando con muñecas hasta tener un niño real entre mis brazos, pero ni por asomo deseaba ser una joven carca. Por fortuna, fui madre jovencísima y, aunque era la época en que se decía que el instinto maternal era una construcción cultural impuesta, yo vivía en secreto mi instinto, mi brutal instinto, era como la loba con su cachorro. Cuando llegó el momento de leerle a la criatura cuentos yo ya me estaba librando, por fortuna, de esa idea de que todo juego y todo cuento han de ser pedagógicos y cumplir estrictas reglas morales. Al niño le gustaban monstruos espantosos, pero la mejor manera de tenerlo encandilado era contarle un cuento clásico. Dada mi experiencia como madre primero y como escritora de cuentos después, me gustaría, en algún momento, ser escuchada por quienes creen que para cambiar la realidad tienen que emplear las tijeras de podar en la literatura infantil. ¿Por qué hay que tener menos respeto a la Cenicienta que a las novelas de Jane Austen, que al fin y al cabo tratan de lo mismo, de mujeres que luchan por salir de una vida miserable gracias al amor y al matrimonio? Los que hayan leído la Cenicienta a un niño se darán cuenta de que el crío no se pone de lado del príncipe por el hecho de ser un varón; el niño, como cualquier lector, se identifica con la protagonista, con la Cenicienta. Igual que las niñas se identifican con el superhéroe. Los niños van siempre con el protagonista, sea del género que sea. Por Dios. Es de cajón. Los cuentos clásicos están hechos de acero, han soportado el paso del tiempo, adiestran al niño en las emociones puras: el amor, el abandono, la pena, el ansia de superación y el triunfo del inteligente contra el bruto. ¿Qué tendrá que ver eso con la violencia de género o la perpetuación de los roles? Siendo autora de cuentos he sufrido muchas veces la falta de respeto que se le tiene a la literatura infantil, pero ya esto de querer meter cuchara en los cuentos clásicos me parece, sobre todo, trasnochado. Añadiría algo más: tengan un poco más de respeto por los juegos de niñas. Que jugar a casitas, a mamás o leer historias de amor no nos hace ni tontas, ni putas, ni sumisas. ¡Sumisa yo!

Publicado en El País 18/04/2010

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