Según mi limitada experiencia, pasamos la vida quejándonos (activa o pasivamente) de cosas a las que no creemos que podamos poner solución personalmente. Pero lo cierto es que, a no ser que le pongamos soluciones nosotras mismas, no van a cambiar ellas solas. Más cierto aún es que esas cosas que no nos gustan resulta que no son el 100% de la realidad. Es tremendamente sencillo: las cosas que no nos gustan NO son NUESTRA realidad. Puede ser lo normal, lo habitual, o lo que quieras, pero no es toda la realidad, nunca, jamás. El ser humano es maravilloso para eso de inventarse realidades. Incluso aunque seas la primera persona del mundo en hacer algo, yo que sé, en parir haciendo el pino puente mientras una arpista toca versiones de Slayer, estás demostrando que existe otra realidad y que depende enteramente de que tú la crees. De, que, tú, la, crees.
Ya sabemos que estamos en una sociedad que tiende al gris y ser del porcentaje de gris equivocado puede acarrear grandes críticas. Pero lo cierto es que hay muchísimas, muchísimas opciones tanto dentro como fuera de la gama del gris institucional que muchas creen que nos rodea.

Bueno, al grano. Muchas tenemos claro lo que queremos en nuestros partos. Muchas tenemos más claro todavía lo que no queremos en nuestros partos. Tenemos una serie de situaciones de partida, materiales, compañeros, economías y herramientas a partir de las cuales nos toca construir nuestra versión de la realidad. Partiremos de la base de que ya estamos informadas de qué cosas queremos y cuáles no.
Nota Uterina: aunque te hablo a tí, mujer, también incluyo a tu pareja, a tu bebé y a todos los implicados directos. ¿Ok?
1. Empezar con buen pie: las visitas a la matrona. ¿Te gusta tu matrona? ¿Puedes elegirla? ¿Puedes permitirte una consulta con alguna matrona que sepas que te puede dar información más abierta? Existen, búscalas. Pregunta, prueba… Por ejemplo, una matrona que atienda partos en casa seguro que tiene cosas interesantes que recomendarte, aunque tú vayas a dar a luz en un hospital.
Estate bien segura de lo que tú quieres y de las cosas que pueden obstaculizártelo: lee las 10 maneras de preparar a una mujer para un mal parto. Recuerda que tu seguridad y serenidad juegan un papel primordial. El efecto nocebo en cuidado prenatal es un texto imprescindible. En esta fase lo primordial es que toda la “contrainformación” que recibas la filtres y la combatas interiormente desde el conocimiento. No entres en disputas, si quieres incluso disimula y finge “hacer como todas”, lo cual te ahorrará comentarios crueles (también puedes plantar cara, que así contribuyes a la lucha guerrillera, ejeje).
2. Lee mucho, lee más, lee otro poco más.

Ejemplos de libros: aquí. Y aquí. Por favor, no caigas en la tentación de tragarte, engullir, lo que te dicen estos libros ni menos todavía lo que te diga nadie. Ni este artículo. Escucha, contrasta, critica, modifica, acomoda, rompe, todo lo que te dicen. Recuerda que este proceso va sobre todo de abandonar la pasividad. De poco serviría que aceptaras pasivamente las ideas de otros ideales “menos grises” y te adhieras al parto de tal o cual “estilo”. Estás buscando vuestro parto.
3. Hazte un buen lavado de cerebro. Tú intuyes que “lo que hay” no te gusta, pero es lo que nuestra mente tiene más grabado a fuego. ¿No te ha pasado alguna vez al pasar una situación de miedo extremo? ¿Miedo por tu vida? Mucha gente atea acude a Dios, o por poner otro ejemplo, llama a su madre en estos casos. A mí me ha pasado. He llamado a mi madre, en algún susto fuerte, al caerme sola en el monte andando, sabiendo que ella no me oía ni me hubiera podido ayudar. Te brota de algún lugar del subconsciente, y apenas lo pronuncias te das cuenta de que no tiene sentido. Cuando tengas miedo, cuando sientas descontrol, recurrirás a aquello que tengas grabado a fuego, aunque sea aquello que te dijiste que no querías. Por eso, reprogramarse y grabar a fuego otras cosas desde la consciencia es un método que podría ser de ayuda. ¿Cómo? Vuélvete adicta a páginas informativas, como blogs, que recomendamos por doquier en este mismo, o por ejemplo páginas de Facebook como Por un Parto Respetado, Placentera, Diario de una Mamífera, El Parto es Nuestro… Busca sus blogs y suscríbete. Venga, vale, te doy ideas de blogs. Lady Vaga, Tenemos Tetas, Babog. Busca más y más, investiga, encuentra nuevas fuentes de información tú sola. No bajes el ritmo. Inúndate de información.. Mírate una historia de parto feliz al menos cada semana, graba en esas retinas las imágenes de naturalidad y esfuerzo de otras mujeres como tú hasta que se convierta no ya en un deseo, ni en una creencia: en una realidad en tu interior.
…..¿Cansada? ¿Esto de tener tu parto te parece difícil, te estoy pidiendo demasiado? Abandona.
¿Sigues aquí? Bien. Pues continuemos.
4. Elige dónde y cómo será el nacimiento.
Infórmate de quiénes son los profesionales. Si ya lo tenías claro, es probable que hayas ahorrado para poder parir donde tú quieres, con quienes te inspiran confianza. Si no lo has hecho piénsalo dos veces. Es una inversión de dinero que afectará tremendamente a tu vida, la de tu bebé y la de tu familia.
Ya habrás leído de todo en las páginas que has frecuentado. Ahora es un momento genial para buscar un grupo de lactancia en tu localidad y visitarlas, para preguntarles por sus partos y sus lactancias. No las convenzas de nada, sólo escucha. Habla con esa buena matrona del principio. Búscate una doula que te pueda apoyar, que te ayude a informarte, a conocer tus opciones (todas) y a decidirte. Están para eso.
Evidentemente si es en un hospital habrá que adaptar los deseos que tengas para ese día a las posibilidades que ofrece un hospital, y exprimir dichas posibilidades mediante un PLAN DE PARTO.
5. Elabora tu plan de parto. Elabora tu plan de parto. Elabora tu plan de parto. Elabora tu plan de parto. En serio. Las cosas no suceden solas, tu proceso de información no hace que los que te rodean piensen igual, eres tú la que debe establecer lo que aceptas y lo que no en una hoja que sirva de consentimiento informado a los profesionales que te atiendan. Estos profesionales pueden ser conocidos, o más frecuentemente, dependerá de la suerte que tengas, el turno que te toque, cuántos partos han tenido… factores totalmente ajenos a tí.
En un mismo hospital una mujer puede tener una experiencia grata y la de al lado sufrir un parto traumático. Increíblemente, ir a un hospital o incluso acudir a un profesional en concreto no tiene por qué asegurarte que te vayan a aplicar ciertos criterios en el trato. Y para eso está el plan de parto.

¿Qué es un plan de parto? El plan de parto indica a las personas que atenderán tu parto tus preferencias, lo que deseas y lo que no. En ella puedes solicitar cosas que quieres pero no estás segura que vayan a ofrecerte, puedes negarte a procedimientos por si acaso te los intentan hacer y puedes explicar el trato que deseas que reciba tu bebé. Se trata de prevenir al equipo médico y curarte en salud.
Y es mucho más. Es una palanca de cambio. Es una herramienta para expresarte y abrir caminos de comunicación para tí y para otras mujeres. Es una manera de convertir en normal el que se oiga nuestra voz. Tu plan de parto puede ayudarte a tener un parto más a tu gusto, y seguro que ayuda a que los planes de parto se conviertan en algo normal. Es útil para tí y para todas las que vengan detrás.
¿Cómo se hace? Pues vas y con tu matrona estupenda o tu doula querida o una amiga que te entienda, o tú sola (es decir, tú y tu pareja), coges un Plan de Parto Nacional, y/o una hoja en blanco, que ambas son igual de válidas, y empiezas a escribir.
Ten claros tus derechos como usuaria de los servicios de atención al parto. Haz una lista de cosas que NO quieres, por ejemplo para empezar estas quejas frecuentes de mujeres sobre atención al parto. Para continuar, esta lista de procedimientos habituales que probablemente no desees.
Tienes algunas ideas en mi carta a la Sociedad Española de Ginecología, el fantástico e inolvidable Plan de Parto Subversivo de Lady Vaga, pero te recomiendo que escribas el plan de parto muy claro, muy directo y muy, muy educado. Imagina mientras lo escribes que hablas con alguien que está de acuerdo contigo, pero que necesita que seas increíblemente precisa para entenderte. De hecho es posible que alguien del personal esté realmente de acuerdo contigo. También es posible que alguien del personal no crea que es lo mejor o incluso se moleste por tus peticiones, cosa que debe darte igual ¿qué va antes, su estado de humor o tu cuerpo y el de tu bebé?. Sin olvidar que cómo nacemos nos afecta toda la vida.
6. Prepárate para el parto que deseas y no para el que no deseas. Busca clases de preparación, cursos de ejercicios, vídeos, compañía, etc, acordes con tus ideas.

7. Yo es que soy cesárea segura. O ya tuve una. O quiero una. Bien. Léete esto, de hecho, leámoslo todas. Además, incluso las cesáreas pueden mejorar, ser más humanas y por lo tanto… plan de cesárea. Por supuesto.
8. Ya, pero ¿y si surgen complicaciones? Me alegro de que me hagas esa pregunta. Vuelve al punto 4 y 5. Recuerda que muchísimas complicaciones surgen, en realidad, por la cadena de intervenciones en el parto sobremedicalizado “habitual”. Relee el artículo sobre cesárea que ya te había recomendado, en el punto sobre intervencionismo. Ten en cuenta que la mayoría de las complicaciones habituales no justifican en absoluto que te hagan cosas que no deseas, y en eso te puede aconsejar una buena matrona para tranquilizarte. Que no te separen de tu bebé, o a tu pareja, si el caso lo exige.
9. Yo es que ya parí. Te informo de que sigues teniendo derechos, nunca dejaste de tenerlos. Recomendaciones sobre tus derechos.
10. Ayuda a extender esta información.

No te vayas a creer que esto es la verdad absoluta, así que hazlo humildemente. Así te escuchará más gente. Todas conocemos a mujeres que van por ahí con historias de parto horribles que comparten con toda embarazada que avistan. Tu parto es una experiencia para que las demás obtengan información valiosa. Queremos extender el poder. Hagámoslo bien. Habla, comparte, publica, hazte visible, simplemente estar ahí puede estar contribuyendo enormemente al cambio.
La finalidad de extender esta información no es que todos de repente se den cuenta de su error y te den la razón. No te marques objetivos desalentadores. La finalidad de hablar es que nuestras voces se vayan uniendo a lo largo del tiempo y diferentes lugares y que poco a poco una única voz de muchas gargantas se abra paso, reclamando el cambio. Lo haces por tí, lo haces por las demás, lo haces por nuestras hijas… Es un proceso, no una acción única.
¡Animo y no callemos!

(11). Aquí es donde yo me callo y empiezas tú a actuar





Perfecto. Establezco que estoy en el día 3 de mi ciclo. Copio la tabla que facilita el libro y empiezo a marcar los datos que ya tengo… ciclo más corto del año… la resta de 20 días de Vollman (en el libro), y algunos detalles más. Cuando leí el libro le iba contando al Mr. lo que decía, así que ya teníamos algunas decisiones tomadas: abstinencia durante el periodo de control hasta que ovulara para no interferir en las observaciones del flujo (esta es la decisión más fastidiosa y que más nos costó aceptar), yo me tomaría la temperatura con el termómetro digital que tenemos a pesar de las recomendaciones de comprar uno especial (no hay para estar comprando más cosas) y en los controles de la cérvix me ayudaría el Mr., para compensar lo de la abstinencia, ea.












